lunes, 7 de junio de 2010

Selas

Dicen que el nombre de este hermoso pueblo de la comarca del Señorío de Molina se debe a que antaño había allí muchos silos para almacenar grano: de silos a Selas un revolcón de vocales.
Gente más seria (pero no menos divertida) dice que Selas proviene del vasco Zelai, o del íbero Selai, que significa prados, campos. Porque en el lugar hay buenos campos y mejores prados.
Sin embargo es conveniente, una vez más, realizar el estudio sobre el terreno. Y yendo al lugar se puede observar que la solución es fácil de desentrañar.
Sucede que en el pueblo de Selas nace el río Mesa, uno de los dos ríos que nacen en la provincia de Guadalajara y cuyas aguas van a desembocar al Mediterráneo. Lo cierto es que este río se llama Mesa y en su paso por la provincia delineó una de las fronteras fortificadas con castillos durante la Reconquista.
Así pues como allí nacía el río Mesa, al lugar que acogía a ese río en su seno se le llamó Sillas (porque lo más conveniente para una mesa es tener unas buenas sillas a su alrededor; aunque también los hay que afirman que el nombre de Sillas le viene porque el pueblo es cómodo para habitar).
Lo cierto es que el pueblo fue llamado Sillas, y este nombre, con el paso de los años fue deturpándose hasta llegar al que hoy da nombre al pueblo: Sillas > Silas > Selas.
Un precioso pueblo: vayan a visitarlo.
Y por hoy vale.

Herencia

A veces las toponimias aparentemente más obvias esconden detrás una compleja complejidad. Este es, indudablemente, el caso de Herencia, en la provincia de Ciudad Real, que da bien para un engaño.
Así pues el indómito (o acaso insólito, o incluso solito) Sandro Weltz asegura que Herencia consigue su nombre al ser una aldea que la Orden de San Juan asume por herencia. Y se queda tan ancho.
La verdad es que detrás del nombre de este pueblo hay una bella historia. Allá vamos.
Había cerca de aquel lugar una hermosa, inteligente y amable dama que un día decidió casarse, y bueno, ya saben los lectores, lectoras, de este blog cómo solía ser antes esto de la selección de candidatos a marido. Una larga fila de pretendientes se agolpaba a las puertas de la casa de la bella dama, pero ella no terminaba de dar con el hombre adecuado: cuando uno era guapo le olía mal la boca, cuando otro era listo estaba lleno de manías, cuando a uno le gustaba pasear resulta que también estaba loco por la caza... en fin, que no terminaba de dar con el perfil que se le ajustara.
Y así fueron pasando los años y la joven hermosa pasó a ser una mujer madura y hermosa, y la fila de pretendientes seguía constante a su puerta. Y el adecuado sin aparecer. Y los años pasando. Y la mujer madura y hermosa pasó a ser una mujer mayor y hermosa, y la fila de pretendientes impertérrita llena de hombres que la pretendían.
Hasta que llegó un momento que la mujer protagonista de esta historia se vio muy mayor y pensó, "caramba, a este paso me muero soltera y entera", y decidió hacer algo resolutivo y definitivo, se quitó la dentadura postiza (que a estas alturas ya la llevaba usando desde hacía unos años) y la lanzó a lo lejos diciendo: "¡el que encuentre mis dientes se casa conmigo!"
Pasada la sorpresa inicial una caterva de candidatos salió en busca de la dentadura postiza. Al poco tiempo uno de ellos, de origen inglés, levantó la mano con media dentadura en ella y gritando "¡her encía!, ¡her encía!" (es decir, su encía, su encía, en un mixto anglohispano). Daba tan grandes voces que por todo el lugar se le oía exclamar su grito de júbilo "¡her encía!" Pero en ese momento otro pretendiente encontró la otra mitad de la dentadura y se inició la discusión, unos decían que el inglés, otros decían que el otro, otros que los dos, otros que ninguno. Para resolver la cuestión se quedaron en el lugar discutiendo pero no hallaban respuesta, así pues el tema se prolongó durante años, y mientras unos hablaban otros acomodaban el sitio para el discurrir de los días: vamos, que se construyeron casas y calles y plazas... y cuando se dieron cuenta allí había un pueblo y dieron en llamarlo HerEncía, por las grandes voces que el pretendiente inglés seguía dando como gran argumento para ser él quien se casara con la bella dama. Y de HerEncía a Herencia un masticar de dientes (postizos o no).
Y por hoy vale.

martes, 1 de junio de 2010

Pedro Muñoz

Me llega una carta electrónica (email) de Sandro Weltz sugiriendo que el nombre de este pueblo sea similar al de Miguel Esteban. Craso, crasísimo error. No se puede generalizar lo único ni repetir lo irrepetible.
Además el origen del nombre de Pedro Muñoz es claro y conocido. Se debe a un pleito que el arcediano Pedro Muñoz ganó al Arzobispo de Toledo, ahí es nada, en el siglo XIII (época en la que la Justicia era todavía más lenta que la de ahora. Y no tan justa).
No he de extenderme con este asunto que viene todo explicado maravillosamente aquí (véase epígrafe Edad Media).
Por hoy vale.

Miguel Esteban

Son pocos los datos que hay sobre el origen del nombre de este pueblo. Algunos hablan de un tal Miguel Estébanez, arcediano del lugar, pero nada sustancioso.
Hay quienes dicen que a la hora de nombrar la aldea, recién nacida, se dudaba de si tenía cara de Miguel o de Esteban, y finalmente le pusieron nombre compuesto y todos contentos. Como percibirá el inteligente lector, la lectora inteligente, esta sugerencia es mera tontería.
Hablan también de una duda a la hora de nombrar a aquél que fundó el pueblo, si era Miguel, si era Esteban. Y hala, de nuevo consenso: pues que sea Miguel Esteban.
Estas elucubraciones posteriores parecen sacadas del magín de Sandro Weltz, hagamos pues caso omiso de las mismas.
Lo cierto, muy cierto, es que el lugar tiene vestigios romanos, así sus orígenes son remotos pero nos pueden dar pista del asunto. Cuando la romana gente llegó al sitio, en vez de presentar batalla los habitantes de la aldea sugirieron un ayuntamiento de agrupación: que el jerifalte de los nativos (un tal Miguel) y el mandatario de los romanos (un tal Esteban) gobernaran juntos. A los romanos les pareció bien e hicieron la concesión. Y funcionó. La armonía se instaló en el lugar, el diálogo proliferó, los encuentros fueron muchos y mayores que los desencuentros. La villa floreció.
Visto lo visto los romanos exportaron este modo de conquista (integradora) a otros lugares. Y así fue como se hicieron (a la chita callando) los dueños del mundo (conocido), más o menos.
En recuerdo de aquel binomio fantástico el lugar tomó para sí el nombre de los dos primeros protagonistas de la historia local: Miguel y Esteban.
El nombre pues no viene de una duda (o Miguel o Esteban), sino de una certeza (Miguel Esteban) que fue progreso y florecimiento de la civilización toda.
Por hoy vale.

Madrigueras

Uno lee estudios referentes a los orígenes del nombre de este pueblo y se desmaya de obviedad y botaratismo. Dice (la respecto de la antedicha frase) Sandro Weltz que el nombre de este pueblo se debe a que en el lugar había muchas madrigueras. Qué raro (exclamo aquí entre estertores de desesperación) que no haya sugerido que los habitantes del lugar vivieran en madrigueras cual hobbits.
En fin, vayamos a lo serio.
Yo estuve en el lugar y paseé sus calles, me admiró la chiquillería jugando a canicas y las madres yendo a por los hijos a escuela en bicicleta: pueblo tan civilizado en pocos sitios he visto.
Digo que paseé sus calles y anduve por sus archivos apócrifos, por eso descubrí que hay quienes dicen que el origen del nombre se debe a su breve capitalidad. Me explico. Bien sabido es que Madrid fue fundada por su céntrica ubicación para ser cabeza del reino. Pues bien, el primer lugar donde Madrid fue ubicada es donde hoy está la villa que nos ocupa. Ahora bien, tras unos años de su creación se decidió refundar la ciudad en el lugar donde hoy está (me refiero a Madrid) y desde entonces este pueblo fue conocido como Madrid-eras (porque había sido Madrid y ya no lo era) y de Madrid-eras > Madrideras > Madrigueras... un paso lógico.
Si bien esta opción parece la más lícita, hay quienes dicen que el nombre de Madrigueras se debe a otro motivo distinto: al parecer el pueblo fue fundado entre un mar de higueras. Y por eso el lugar fue conocido como Mar de Higueras > Mardehigueras > Mardigueras > Madrigueras.
En fin, de las higueras hoy no queda ni una breva, pero el rumor de sus hojas suena en el nombre del lugar.
Por hoy vale.

martes, 4 de mayo de 2010

Landete

Mirar Mira

Cañete

Mirar Mira

Mira

La historia del nombre de tres pueblos (Mira, Cañete y Landete) está inextricablemente unida y por eso paso a desmadejarla (la historia del origen de los nombres) con un único ovillo, el de este post.
Sucedió que dos amigos iban por el monte paseando (no sé si conocen la zona, pero es hermosa como pocas en esta tierra y en esta Tierra) cuando uno de pronto se detuvo y gritó: ¡Mira!, insistiendo: ¡Mira! ¡Mira!
El otro amigo miró hacia donde le señalaba su acompañante y entonces vio una nave extraterrestre que ascendía desde la tierra (la Tierra) al Espacio Sideral, entonces el amigo exclamó: ¡Coño, ET!
Y a partir de esta anécdota tan conocida y querida por todos los ufólogos del mundo se da explicación al nombre de los tres pueblos. A saber:
-Donde estaba el que gritaba ¡Mira! se fundó el pueblo que hoy lleva su nombre: Mira
-Donde estaba el que exclamó ¡Coño, ET!, se fundó el pueblo que recogió esa expresión: Coñoete que derivó en Cañete con un par de traspiés y siglos.
-El lugar donde se supone que aterrizó la nave extraterrestre fue llamado por los ufólogos usamericanos Land-ET, que significa Tierra de Extraterrestres, y allí fue fundado otro pueblo que asumió el nombre de LandET que, al castellanizarlo pasó a ser Landete.
Y por hoy, vale.

martes, 13 de abril de 2010

Pulgar

El origen del nombre de esta villa (cuna del insigne Hernando del Pulgar) se remonta a la reconquista de Toledo por parte de Alfonso VI. La villa quedó conquistada pero los alrededores seguían siendo tierra de escaramuza y arranque entre musulmanes y cristianos. Fue por eso que las cabezas pensantes de la Corte decidieron fortificar los alrededores de Toledo, y no sabiendo cómo hacerlo pidieron consejo a los sabios del lugar. Uno de ellos (cuyo nombre se ha perdido, lamentablemente) puso su mano sobre el mapa, tapando la ciudad de Toledo con la palma de la mano y señalando en la punta de cada dedo el lugar donde había que construir una pequeña fortificación, fue así como se edificaron cinco pequeños castillos denominados, por lo gracioso de su origen: Meñique, Anular, Corazón, Índice y Pulgar.
De aquellas fortificaciones la que perduró por su importancia fue la de Pulgar, a cuyo alrededor floreció un pequeño pueblo que tomó, del castillo, su nombre. Y así hasta hoy.
Y por hoy vale.

Solanillos del Extremo

Estaba yo preparado para hablar de otra toponimia en A vivir que son dos días Castilla La Mancha, cuando don Juan me habló de un coleccionista de topónimos raros que había iniciado su colección con el nombre de un pueblo de Guadalajara llamado Solanillos del Extremo, me preguntó si conocía el origen de este nombre y, evidentemente, dije que sí.
Aquí va:
Hace ya unos años, muchos, que este pueblo languidecía y tras una lluvia de ideas decidieron poner en marcha una propuesta interesante: crear un objeto que se pusiera de moda y tuviera mucha demanda, algo que sólo se fabricara en ese lugar. Tras largas deliberaciones inventaron un tipo de anillos que se ponían en el extremo del dedo, en la primera falange. Los llamaron "anillos del extremo del dedo" y para dar ejemplo los habitantes del lugar llevaban sólo anillos del extremo, y pronto fueron conocidos (ellos y el pueblo) como el de Soloanillos del Extremo, de ahí el nombre.
La idea funcionó un tiempo y floreció una industria de anillos de extremo (o de frontera), aunque la moda pasó porque resultaban incómodos de conservar en el dedo, en cuanto uno se descuidaba el anillo se caía. Así pues, de aquella idea original hoy sólo queda el nombre del pueblo, la ruina de alguna que otra fábrica de anillos y el hábito de los lugareños por llevar los anillos de esa peculiar manera.
Por hoy vale.