Aunque los historiadores afirman que el origen del nombre de esta villa hunde sus raíces en la noche de los tiempos celtibéricos y por lo tanto prerromanos, yo puedo afirmar con conocimiento de causa que esta es una de esas frases hueras que rápidamente se aplican para tapar las vergüenzas de la ignorancia y la pereza, porque otra ciudad no habrá en España cuyo topónimo no sea tan preclaro como el de Lerma.
La historia comienza lejos, pero no tan lejos como aseguran algunos (entre ellos nuestro conocido aunque no querido Sandro Weltz), concretamente en los estertores del S. XVII, cuando Felipe III otorga a Francisco Gómez de Sandoval y Rojas Borja el título de Duque del lugar.
Don Francisco, abrumado por tamaña gracia real, quiere hacer algo notable y construye un enorme palacio en el que trata de recopilar todos los conocimientos del mundo para así revivir el espíritu de Alfonso X el Sabio y ponerlo al servicio y beneficio de su monarca. Para ello ordena construir una gigantesca biblioteca (que a la sazón acabará por ocupar todo el palacio, incluidos aljibes y cámaras) con todos los libros de los que pudo disponerse en la época.
Una vez conseguidos ejemplares de todos los volúmenes prácticamente impresos hasta el momento en el mundo, a don Francisco le entró el frenesí por, además de poseerlos, leerlos. Y comenzó una febril lectura de su colección completa. Tarea inhumana que le secaría el cerebro (como a otros afamados y chiflados lectores) y terminaría por acabar con su vida y que le llevaría a repetir, obsesivamente, hasta en sus últimos instantes: leer más, leer más, leer más...
En honor y como recordatorio de tan notable vasallo, el rey decidió cambiar el nombre del lugar y del ducado por el de Leermas, que con el paso de los años quedó en el apocopado Lerma (que no leer menos).
Y esta toponimia la traigo a cuento de ser este el mes de abril, mes del libro donde los haya, para dar noticia y aviso de su peligro y lo nocivo de su adicción.
Por hoy vale.
miércoles, 11 de abril de 2012
jueves, 2 de junio de 2011
Calaceite (Teruel)
Teruel es una provincia llena de pueblos con nombres extraordinarios, citaremos uno que haga de botón de muestra, un pueblecito llamado Cosa, qué cosa, eh.
Hay también otro pueblo sobre el que hablaremos hoy que se denomina Calaceite (hermoso pueblo, toda una sorpresa para quien llega al lugar sin haberse informado antes). Dicen los sabios del terruño que el origen del nombre es árabe (Qal'at Zayd), que viene a significar Castillo de los Zayd, porque en lo alto del cerro que domina el pueblo había un castillo que pertenecía a esa familia, los Zayd (como quien dice los Pérez árabes).
Obviamente esta posibilidad es demasiado simple, hay que indagar un poco más, hundir las manos en la tierra, pasear por sus callejas, desempolvar los archivos y husmear entre los recovecos de la historia.
Hace años Sandro Weltz afirmó que el nombre del lugar era debido a que donde hoy está la parte moderna de la villa había antes una pequeña playita de aceite (en vez de agua salada), conocida como la cala de aceite. Una tontería supina más de don Sandro, que si hubiera ido allí habría visto que no existía rastro ninguno de cala ni de aceite (vamos, el suelo no resbala de ninguna manera).
Pedro Cabdal, discípulo mío que fue hasta que dejó de serlo, ha hecho algunos pinitos en esto de las toponimias y afirma que el nombre de Calaceite proviene de la industria textil de la zona, famosa por las telas excepcionales que fabricaban y en las que el aceite no calaba. Una idea interesante pero indemostrable y que, sobre todo, no da explicación del nombre del pueblo, pues si fuera cierta esta teoría el lugar debería llamarse Nocalaceite.
El verdadero origen del nombre del pueblo se debe a un famoso alquímico y nigromante árabe llamado Ibn Zayd Itaff, que descubrió la manera de convertir la cal en aceite. El invento le dio fama por todo el orbe conocido y de todos los lugares venían sabios, curiosos, comerciantes, despistados, pícaros... Así pues el pueblo se hizo rico gracias al continuo tráfico de gentes y decidió cambiar su nombre original por Calaceite, para que no hubiera duda ninguna sobre de dónde provenía el milagro de transformar la cal en aceite.
Ibn Zayd Itaff fue tan meticuloso con su secreto (no lo desveló ni a su madre) que se lo llevó a la tumba. Tras su muerte la fama del lugar pervivió por siempre en el nombre y el recuerdo del esplendor y la edad dorada de la villa se mantienen todavía en la majestuosidad de sus calles y edificios.
Hay escritos varios que hablan de las calidades y virtudes de aquel aceite extraordinario. Tentados estamos de irnos allí a vivir y tratar de rehacer la hazaña del calaceitismo para que la cal vuelva a poder convertirse en aceite. Y si no lo logramos, al menos podremos pasear por sus hermosas calles y comer judías con sardinas, que no es poco.
Por hoy vale.
martes, 15 de febrero de 2011
Cabanillas del Campo (Guadalajara)
Dicen los habitantes del lugar que el nombre proviene de que había unas pequeñas cabañas en el campo y alrededor se fue construyendo el pueblo que pasó a ser conocido como Cabañitas del Campo. Y de ahí a Cabanillas del Campo, un suspiro.
Sin embargo hay que profundizar un poco más en el origen de las palabras para llegar a la verdad del asunto.
Cabanillas forma parte de la comarca de la Campiña, y, fíjense, suena casi igual: Cabanillas-Campiña, de hecho, como habrá deducido el avieso lector, la lectora aviesa, tienen su origen en una misma palabra, concretamente: Canbaniyah, palabra árabe que proviene de la Campania latina (de donde viene el nombre de la comarca francesa de la Champagne), y que significa, campo.
Así pues, en el nombre de Cabanillas del Campo, situado en la Campiña, y donde se bebe de vez en cuando champaña, hay cuatro campos juntos: Cabanillas de Canbaniyah; del Campo, del campo con mayúscula; en la Campiña, que también es campo. Y lo del champaña, pues así son las cosas.
De donde se deduce que el lugar era puro campo y recampo. Y sólo hay que pasear ahora por sus calles para ver que del campo sólo que da el nombre (duplo, o triplo), el mero nombre.
No es el primer caso que registramos de nombre duplicado, Cabanillas del Campo significaría campo del campo, como Vall d'Arán significa valle del valle, pues arán, en aranés, significa también valle.
Por hoy valle.
martes, 21 de diciembre de 2010
Pantoja (Toledo)
El nombre del pueblo es muy antiguo, más antiguo que el mismo pueblo.
Sucedió que en tiempo de griegos había un muchacho de familia pudiente al que todo se le encaprichaba y todo le apetecía, uno de esos de culo veo culo quiero. La vida al lado del mozo era un suplicio: quiero esto, quiero lo otro, quiero lo de más allá... y si no lo conseguía, berrinche que te crió a pesar de los treintaymuchos que ya calzaba.
Por eso un día sus padres decidieron fundar una villa en la que hubiera todo lo que este muchacho pudiera desear, cualquier cosa que se le pudiera antojar. Así pues, para cubrir cualquier cosa que se le antojara, es decir, todo antojo, nació este pueblo. Como todo en griego se dice Pan, pues al lugar se le llamó PanAntoja (todo-lo-que-se-le-antoja).
Así fue cómo nació PanAntoja, al gusto y capricho de aquel mozo griego. Con el paso de los años PanAntoja se amalgamó en una palabra más redonda y con menos rebote nasal: Pantoja. De aquel mozo caprichoso queda apenas el recuerdo, hoy el lugar es tierra hospitalaria, generosa y llena de buenas gentes amantes de los cuentos y el buen yantar.
Y por hoy vale.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Tres Cantos (Madrid)
Sobre la toponimia de este pueblo hay poco escrito, eso siempre es una mala señal: o porque se cree haber dado con la clave o porque a nadie interesó el asunto. Hoy trataremos de incrementar en unas cuantas líneas los fondos toponímicos del lugar.
Dicen que el nombre del pueblo se debe a que en el lugar, y antes de los primeros pobladores, había tres enormes peñascos divisables desde bien lejos. Eso dicen. Pero si uno pasea por la ciudad no encontrará nada parecido a tres gigante piedras descollando sobre el skyline.
Otros afirman que sí, que son tres cantos, pero no enormes, sino que había sido un regalo de un rey a un súbdito, te daré, dijo el rey, tanta tierra como seas capaz de abarcar con tres cantos. El noble tiró tres piedras, una detrás de otra, y la extensión entre las tres piedras fue el lugar donde nació el pueblo. Pero esto parece más una leyenda que una certeza.
Hay eruditos que afirman (entre ellos Sandro Weltz) que el origen del nombre tiene que ver con los Tres Tenores, que anunciaron que cantarían en un campo yermo, dando la posición exacta en grados de latitud y longitud. La gente, ansiosa por escucharles cantar, fue reuniéndose en el lugar, pero como no llegaban pues se montaron unas tiendas de campaña, que luego fueron unas cabañas de madera, que luego fueron unas pequeñas construcciones de ladrillo, que acabaron por ser edificios y calles y parques... todo esto con el paso de los años. Y como el que espera no desespera, resultó que al final los Tres Tenores llegaron y echaron tres cantos y ya.
Pero por más que busco en las hemerotecas no hallo noticia ninguna sobre la presencia o ausencia de los tres tenores en el lugar. Así pues desechamos esta sabrosa toponimia.
Lo cierto es que el lugar se llama así porque se tarda en recorrerlo andando lo que duran tres cuentos, desde una punta a la otra, caminando, son tres cuentos justos. De ahí el nombre: Tres Cuentos, que con el paso de los años acabó en Tres Cantos porque había gente que hacía los cuentos cantados.
Si no lo creen no tienen más que ir al lugar y ponerse a andar y a contar.
Por hoy vale.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Pozuelo (Albacete)
Hay un pueblo en Albacete que se llama Pozuelo.
Los eruditísimos y muy sabios dicen que es porque en el lugar había un pozo pequeñajo. Sería demasiado fácil.
La historia es muy otra.
El abuelo al morir se convirtió en pozo, un pozo del que manaba un agua fresquísima y muy sana. Al dicho pozo lo conocieron pronto como el pozo-abuelo, que con el paso de los años se amalgamó en pozobuelo > pozuelo.
Por hoy vale.
jueves, 21 de octubre de 2010
Villalpardo (Cuenca)
Este pueblo notable de la provincia de Cuenca tiene historias varias sobre el origen de su nombre.
Lo cierto es que son muchos los estudiosos que afirman que el pueblo tenía un cierto parecido al palacio real de El Pardo, y que por eso se denominó, desde un primer momento, Villa El Pardo. Pero qué quieren que les diga, yo he estado en El Pardo y en Villalpardo y no se parecen en nada, dónde va a parar: Villalpardo es mucho más bonito.
Otros estudioso, especialmente Sandro Weltz, aseguran que el nombre del pueblo es debido a que en sus alrededores se encontró una puerta que comunicaba directamente con los Infiernos (igual que la de San Patricio de la Irlanda medieval), y que debido a los humos y gases continuos los habitantes del lugar siempre tenían un cierto colorcillo pardo, por eso al pueblo se le denominó Villadepardos, que con el tiempo pasó a ser Villalpardo. Esta teoría es bastante inconsistente, de hecho si fuera cierta seguiría habiendo habitantes parduzcos, y yo, que repito que he ido al pueblo, no he visto a ninguno. Ni pardusomes, ni fumarolas ni puertas infernales. Es más, los habitantes del pueblo son tan poco diabólicos, tan poco cercanos al infierno, tan buenos (¡TAN BUENOS!) que tienen una historia al respecto (que recojo más abajo).
Lo cierto es que el nombre del pueblo está bastante claro para todo aquel que lo haya visitado. El origen de la toponimia es debido a la costumbre de todos sus habitantes de ir siempre en pareja, de ir en Bis, En Par, En Dos, así pues el nombre del lugar, originariamente, era BisParDos, que con el paso de los siglos se fue deturpando (tratando de comprenderlo) y evolucionó: BisParDos > VillParDos > Villapardos > Villalpardo.
Si visitan alguna vez el pueblo observen que todo el mundo va en pareja, no hay un solo habitante que camine o haga nada solo. Es un canto al binomio perpetuo.
LA HISTORIA SOBRE LOS BUENÍSIMOS HABITANTES DE VILLALPARDO
Dicen que en Villalpardo los niños y las niñas eran tan buenos que sus padres nunca tenían que regañarles. Se levantaban solos por las mañanas, preparaban sus desayunos, se vestían y lavaban y hacían sus camas y ordenaban sus cuartos antes de ir al colegio. Luego en la escuela todos los deberes estaban hechos, las lecciones aprendidas y la letra siempre limpia. En el recreo jugaban y nunca discutían ni se manchaban y en todo momento eran amables, educados y comprensivos. Era tanta la bondad de los niños y niñas de este pueblo que daba mucha grima. Por eso el alcalde y las asociaciones de vecinos decidieron mandar a los niños y niñas a otros pueblos para que vieran cómo era la infancia en otros lugares, y sobre todo para que aprendieran a ser un poco malos y se mancharan algo, y gritaran, y llevaran la cara sin lavar y los deberes sin hacer al menos un día. Pero los niños y niñas de Villalpardo, aunque recorrieron medio mundo tratando de aprender a ser malos, no lo consiguieron, volvieron a su pueblo, a sus casas, a sus calles, y seguían siendo buenísimos. Aun así a veces intentaban ser algo malos y de pronto se oía a un niño decirle a otro: ¡calabacín!, y entonces en el recreo se hacía un silencio grande, tenso, que enseguida se resolvía cuando el interpelado contestaba: ¡y tú merluzo! Y ya todos se quedaban muy tranquilos pues alguien había sido malo en el pueblo en ese día.
Y por hoy vale
martes, 28 de septiembre de 2010
Calahorra (La Rioja)
El nombre de Calahorra, dicen los geógrafos romanos Estrabón y Claudio Ptolomeo, proviene de los habitantes del lugar (antes de Roma, se entiende), llamados Kalakorikos, nombre a su vez tomado de la forma arcaica del canto del gallo, pues era este canto del gallo el que proferían los guerreros del lugar cuando avanzaban valientes contra el enemigo.
Lo cierto es que una vez ya romanizado el sitio pasó a llamarse Calagurris, a su vez forma arcaica del canto del gallo latino, según afirma en sus escritos el famoso calagurritano Quintiliano.
Menéndez Pidal y otros afirman que el nombre del lugar nada tiene que ver con el canto del gallo, sino que proviene de lenguas de sustrato vasco, y que podría significar: castillo del pueblo, altura roja, o una suma de ambas: castillo rojo que está en lo alto.
La cosa sin embargo es mucho más sencilla, el nombre del lugar proviene de cala y de horra, es decir, ensenada libre. O sea: lugar donde se podía pescar libremente.
Hasta que se inventaron los cotos, obviamente.
Por hoy vale.
martes, 29 de junio de 2010
Tobarra
La ciudad de Tobarra tiene su origen como tal cuando un miembro adelantado de la corte, amigo del rey, fue agasajado por éste. Me explico, el rey le dijo que en premio por sus destacados servicios le iba a regalar la administración de una villa del lugar que eligiera de las Españas. Este noble (cuyo nombre el tiempo ha olvidado) pidió fuera el lugar que hoy ocupa Tobarra y con un amplio término municipal (para que hubiera buenas tierras y lugares que disfrutar y administrar).
El rey, guasón por demás, le dijo que le daría tan amplio término municipal como pudiera barrer en 24 horas. El noble no se achantó.
El día señalado la Corte en pleno se preparó a ver el espectáculo. El noble barrendero, para no perder el ritmo del barrimiento llevó consigo un grupo de tambores que se lo marcaban. Al cabo del día el noble había barrido 324, 96 kilómetros cuadrados, ahí es nada.
Y ese es el término municipal del lugar, que no es chico.
El nombre, como habrá deducido el lector sabio, proviene de "todo lo que barra" >Toloquebarra > Tolobarra > Tobarra.
Y es también en esta historia donde se da explicación a la afición, tradición y magisterio del tambor en el lugar.
Por hoy vale.
domingo, 13 de junio de 2010
Erustes
Dicen quienes saben de esto que la toponimia de este pueblo proviene de una palabra vasca: irusta, trébol (iru: tres; osto: hojas). Aunque, seamos serios, quizás el sustrato indoeuropeo del término coincida con los vocablos vascos, pero decir que el origen está en una colonia vasca allí ubicada, raro parece.
Es como si Sandro Weltz afirmara que el nombre del lugar se debe a que allí era donde se reunía el dios griego Eros con sus amigos para tomar el té, o varios tés. Así: Eros-te > Erostes > Erustes... Pero a don Sandro no se le pasó por la cabeza esta idea (que si se le hubiera pasado la habría escrito seguro).
Lo cierto es que parece ser que en el lugar no había nada hasta que fue a vivir allí un famoso periodista estadounidense del New York Herald llamado Henry Stanley, famoso por haber encontrado al doctor Livingstone tras un accidentado periplo por el corazón de África.
Lo cierto es que tras la aventura que culminó con la archifamosa pregunta: "Eres usted el doctor Livingstone supongo" todo el mundo le hacía broma y fiesta con la incorrección gramatical del "Eres usted el doctor..." porque o "Es usted" o "Eres tú".
Así que harto de aguantar tanta guasa se retiró del mundanal ruido a este despejado lugar de la provincia de Toledo, y aun así no paraba de encontrar gente (pastores, agricultores, viajantes...) que le decían, "¡Mira, el de Eres usted!"
Y al lugar donde se instaló Stanley pronto se lo conoció como Eres usted, que con poco, ya se ve: Eres usted > Eresusted > Ereusté > Erustes.
Claro como el agua clara.
Y por hoy vale.
lunes, 7 de junio de 2010
Selas
Dicen que el nombre de este hermoso pueblo de la comarca del Señorío de Molina se debe a que antaño había allí muchos silos para almacenar grano: de silos a Selas un revolcón de vocales.
Gente más seria (pero no menos divertida) dice que Selas proviene del vasco Zelai, o del íbero Selai, que significa prados, campos. Porque en el lugar hay buenos campos y mejores prados.
Sin embargo es conveniente, una vez más, realizar el estudio sobre el terreno. Y yendo al lugar se puede observar que la solución es fácil de desentrañar.
Sucede que en el pueblo de Selas nace el río Mesa, uno de los dos ríos que nacen en la provincia de Guadalajara y cuyas aguas van a desembocar al Mediterráneo. Lo cierto es que este río se llama Mesa y en su paso por la provincia delineó una de las fronteras fortificadas con castillos durante la Reconquista.
Así pues como allí nacía el río Mesa, al lugar que acogía a ese río en su seno se le llamó Sillas (porque lo más conveniente para una mesa es tener unas buenas sillas a su alrededor; aunque también los hay que afirman que el nombre de Sillas le viene porque el pueblo es cómodo para habitar).
Lo cierto es que el pueblo fue llamado Sillas, y este nombre, con el paso de los años fue deturpándose hasta llegar al que hoy da nombre al pueblo: Sillas > Silas > Selas.
Un precioso pueblo: vayan a visitarlo.
Y por hoy vale.
Herencia
A veces las toponimias aparentemente más obvias esconden detrás una compleja complejidad. Este es, indudablemente, el caso de Herencia, en la provincia de Ciudad Real, que da bien para un engaño.
Así pues el indómito (o acaso insólito, o incluso solito) Sandro Weltz asegura que Herencia consigue su nombre al ser una aldea que la Orden de San Juan asume por herencia. Y se queda tan ancho.
La verdad es que detrás del nombre de este pueblo hay una bella historia. Allá vamos.
Había cerca de aquel lugar una hermosa, inteligente y amable dama que un día decidió casarse, y bueno, ya saben los lectores, lectoras, de este blog cómo solía ser antes esto de la selección de candidatos a marido. Una larga fila de pretendientes se agolpaba a las puertas de la casa de la bella dama, pero ella no terminaba de dar con el hombre adecuado: cuando uno era guapo le olía mal la boca, cuando otro era listo estaba lleno de manías, cuando a uno le gustaba pasear resulta que también estaba loco por la caza... en fin, que no terminaba de dar con el perfil que se le ajustara.
Y así fueron pasando los años y la joven hermosa pasó a ser una mujer madura y hermosa, y la fila de pretendientes seguía constante a su puerta. Y el adecuado sin aparecer. Y los años pasando. Y la mujer madura y hermosa pasó a ser una mujer mayor y hermosa, y la fila de pretendientes impertérrita llena de hombres que la pretendían.
Hasta que llegó un momento que la mujer protagonista de esta historia se vio muy mayor y pensó, "caramba, a este paso me muero soltera y entera", y decidió hacer algo resolutivo y definitivo, se quitó la dentadura postiza (que a estas alturas ya la llevaba usando desde hacía unos años) y la lanzó a lo lejos diciendo: "¡el que encuentre mis dientes se casa conmigo!"
Pasada la sorpresa inicial una caterva de candidatos salió en busca de la dentadura postiza. Al poco tiempo uno de ellos, de origen inglés, levantó la mano con media dentadura en ella y gritando "¡her encía!, ¡her encía!" (es decir, su encía, su encía, en un mixto anglohispano). Daba tan grandes voces que por todo el lugar se le oía exclamar su grito de júbilo "¡her encía!" Pero en ese momento otro pretendiente encontró la otra mitad de la dentadura y se inició la discusión, unos decían que el inglés, otros decían que el otro, otros que los dos, otros que ninguno. Para resolver la cuestión se quedaron en el lugar discutiendo pero no hallaban respuesta, así pues el tema se prolongó durante años, y mientras unos hablaban otros acomodaban el sitio para el discurrir de los días: vamos, que se construyeron casas y calles y plazas... y cuando se dieron cuenta allí había un pueblo y dieron en llamarlo HerEncía, por las grandes voces que el pretendiente inglés seguía dando como gran argumento para ser él quien se casara con la bella dama. Y de HerEncía a Herencia un masticar de dientes (postizos o no).
Y por hoy vale.
martes, 1 de junio de 2010
Pedro Muñoz
Me llega una carta electrónica (email) de Sandro Weltz sugiriendo que el nombre de este pueblo sea similar al de Miguel Esteban. Craso, crasísimo error. No se puede generalizar lo único ni repetir lo irrepetible.
Además el origen del nombre de Pedro Muñoz es claro y conocido. Se debe a un pleito que el arcediano Pedro Muñoz ganó al Arzobispo de Toledo, ahí es nada, en el siglo XIII (época en la que la Justicia era todavía más lenta que la de ahora. Y no tan justa).
No he de extenderme con este asunto que viene todo explicado maravillosamente aquí (véase epígrafe Edad Media).
Por hoy vale.
Miguel Esteban
Son pocos los datos que hay sobre el origen del nombre de este pueblo. Algunos hablan de un tal Miguel Estébanez, arcediano del lugar, pero nada sustancioso.
Hay quienes dicen que a la hora de nombrar la aldea, recién nacida, se dudaba de si tenía cara de Miguel o de Esteban, y finalmente le pusieron nombre compuesto y todos contentos. Como percibirá el inteligente lector, la lectora inteligente, esta sugerencia es mera tontería.
Hablan también de una duda a la hora de nombrar a aquél que fundó el pueblo, si era Miguel, si era Esteban. Y hala, de nuevo consenso: pues que sea Miguel Esteban.
Estas elucubraciones posteriores parecen sacadas del magín de Sandro Weltz, hagamos pues caso omiso de las mismas.
Lo cierto, muy cierto, es que el lugar tiene vestigios romanos, así sus orígenes son remotos pero nos pueden dar pista del asunto. Cuando la romana gente llegó al sitio, en vez de presentar batalla los habitantes de la aldea sugirieron un ayuntamiento de agrupación: que el jerifalte de los nativos (un tal Miguel) y el mandatario de los romanos (un tal Esteban) gobernaran juntos. A los romanos les pareció bien e hicieron la concesión. Y funcionó. La armonía se instaló en el lugar, el diálogo proliferó, los encuentros fueron muchos y mayores que los desencuentros. La villa floreció.
Visto lo visto los romanos exportaron este modo de conquista (integradora) a otros lugares. Y así fue como se hicieron (a la chita callando) los dueños del mundo (conocido), más o menos.
En recuerdo de aquel binomio fantástico el lugar tomó para sí el nombre de los dos primeros protagonistas de la historia local: Miguel y Esteban.
El nombre pues no viene de una duda (o Miguel o Esteban), sino de una certeza (Miguel Esteban) que fue progreso y florecimiento de la civilización toda.
Por hoy vale.
Madrigueras
Uno lee estudios referentes a los orígenes del nombre de este pueblo y se desmaya de obviedad y botaratismo. Dice (la respecto de la antedicha frase) Sandro Weltz que el nombre de este pueblo se debe a que en el lugar había muchas madrigueras. Qué raro (exclamo aquí entre estertores de desesperación) que no haya sugerido que los habitantes del lugar vivieran en madrigueras cual hobbits.
En fin, vayamos a lo serio.
Yo estuve en el lugar y paseé sus calles, me admiró la chiquillería jugando a canicas y las madres yendo a por los hijos a escuela en bicicleta: pueblo tan civilizado en pocos sitios he visto.
Digo que paseé sus calles y anduve por sus archivos apócrifos, por eso descubrí que hay quienes dicen que el origen del nombre se debe a su breve capitalidad. Me explico. Bien sabido es que Madrid fue fundada por su céntrica ubicación para ser cabeza del reino. Pues bien, el primer lugar donde Madrid fue ubicada es donde hoy está la villa que nos ocupa. Ahora bien, tras unos años de su creación se decidió refundar la ciudad en el lugar donde hoy está (me refiero a Madrid) y desde entonces este pueblo fue conocido como Madrid-eras (porque había sido Madrid y ya no lo era) y de Madrid-eras > Madrideras > Madrigueras... un paso lógico.
Si bien esta opción parece la más lícita, hay quienes dicen que el nombre de Madrigueras se debe a otro motivo distinto: al parecer el pueblo fue fundado entre un mar de higueras. Y por eso el lugar fue conocido como Mar de Higueras > Mardehigueras > Mardigueras > Madrigueras.
En fin, de las higueras hoy no queda ni una breva, pero el rumor de sus hojas suena en el nombre del lugar.
Por hoy vale.
martes, 4 de mayo de 2010
Mira
La historia del nombre de tres pueblos (Mira, Cañete y Landete) está inextricablemente unida y por eso paso a desmadejarla (la historia del origen de los nombres) con un único ovillo, el de este post.
Sucedió que dos amigos iban por el monte paseando (no sé si conocen la zona, pero es hermosa como pocas en esta tierra y en esta Tierra) cuando uno de pronto se detuvo y gritó: ¡Mira!, insistiendo: ¡Mira! ¡Mira!
El otro amigo miró hacia donde le señalaba su acompañante y entonces vio una nave extraterrestre que ascendía desde la tierra (la Tierra) al Espacio Sideral, entonces el amigo exclamó: ¡Coño, ET!
Y a partir de esta anécdota tan conocida y querida por todos los ufólogos del mundo se da explicación al nombre de los tres pueblos. A saber:
-Donde estaba el que gritaba ¡Mira! se fundó el pueblo que hoy lleva su nombre: Mira
-Donde estaba el que exclamó ¡Coño, ET!, se fundó el pueblo que recogió esa expresión: Coñoete que derivó en Cañete con un par de traspiés y siglos.
-El lugar donde se supone que aterrizó la nave extraterrestre fue llamado por los ufólogos usamericanos Land-ET, que significa Tierra de Extraterrestres, y allí fue fundado otro pueblo que asumió el nombre de LandET que, al castellanizarlo pasó a ser Landete.
Y por hoy, vale.
martes, 13 de abril de 2010
Pulgar
El origen del nombre de esta villa (cuna del insigne Hernando del Pulgar) se remonta a la reconquista de Toledo por parte de Alfonso VI. La villa quedó conquistada pero los alrededores seguían siendo tierra de escaramuza y arranque entre musulmanes y cristianos. Fue por eso que las cabezas pensantes de la Corte decidieron fortificar los alrededores de Toledo, y no sabiendo cómo hacerlo pidieron consejo a los sabios del lugar. Uno de ellos (cuyo nombre se ha perdido, lamentablemente) puso su mano sobre el mapa, tapando la ciudad de Toledo con la palma de la mano y señalando en la punta de cada dedo el lugar donde había que construir una pequeña fortificación, fue así como se edificaron cinco pequeños castillos denominados, por lo gracioso de su origen: Meñique, Anular, Corazón, Índice y Pulgar.
De aquellas fortificaciones la que perduró por su importancia fue la de Pulgar, a cuyo alrededor floreció un pequeño pueblo que tomó, del castillo, su nombre. Y así hasta hoy.
Y por hoy vale.
De aquellas fortificaciones la que perduró por su importancia fue la de Pulgar, a cuyo alrededor floreció un pequeño pueblo que tomó, del castillo, su nombre. Y así hasta hoy.
Y por hoy vale.
Solanillos del Extremo
Estaba yo preparado para hablar de otra toponimia en A vivir que son dos días Castilla La Mancha, cuando don Juan me habló de un coleccionista de topónimos raros que había iniciado su colección con el nombre de un pueblo de Guadalajara llamado Solanillos del Extremo, me preguntó si conocía el origen de este nombre y, evidentemente, dije que sí.
Aquí va:
Hace ya unos años, muchos, que este pueblo languidecía y tras una lluvia de ideas decidieron poner en marcha una propuesta interesante: crear un objeto que se pusiera de moda y tuviera mucha demanda, algo que sólo se fabricara en ese lugar. Tras largas deliberaciones inventaron un tipo de anillos que se ponían en el extremo del dedo, en la primera falange. Los llamaron "anillos del extremo del dedo" y para dar ejemplo los habitantes del lugar llevaban sólo anillos del extremo, y pronto fueron conocidos (ellos y el pueblo) como el de Soloanillos del Extremo, de ahí el nombre.
La idea funcionó un tiempo y floreció una industria de anillos de extremo (o de frontera), aunque la moda pasó porque resultaban incómodos de conservar en el dedo, en cuanto uno se descuidaba el anillo se caía. Así pues, de aquella idea original hoy sólo queda el nombre del pueblo, la ruina de alguna que otra fábrica de anillos y el hábito de los lugareños por llevar los anillos de esa peculiar manera.
Por hoy vale.
Aquí va:
Hace ya unos años, muchos, que este pueblo languidecía y tras una lluvia de ideas decidieron poner en marcha una propuesta interesante: crear un objeto que se pusiera de moda y tuviera mucha demanda, algo que sólo se fabricara en ese lugar. Tras largas deliberaciones inventaron un tipo de anillos que se ponían en el extremo del dedo, en la primera falange. Los llamaron "anillos del extremo del dedo" y para dar ejemplo los habitantes del lugar llevaban sólo anillos del extremo, y pronto fueron conocidos (ellos y el pueblo) como el de Soloanillos del Extremo, de ahí el nombre.
La idea funcionó un tiempo y floreció una industria de anillos de extremo (o de frontera), aunque la moda pasó porque resultaban incómodos de conservar en el dedo, en cuanto uno se descuidaba el anillo se caía. Así pues, de aquella idea original hoy sólo queda el nombre del pueblo, la ruina de alguna que otra fábrica de anillos y el hábito de los lugareños por llevar los anillos de esa peculiar manera.
Por hoy vale.
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