martes, 4 de mayo de 2010
Mira
La historia del nombre de tres pueblos (Mira, Cañete y Landete) está inextricablemente unida y por eso paso a desmadejarla (la historia del origen de los nombres) con un único ovillo, el de este post.
Sucedió que dos amigos iban por el monte paseando (no sé si conocen la zona, pero es hermosa como pocas en esta tierra y en esta Tierra) cuando uno de pronto se detuvo y gritó: ¡Mira!, insistiendo: ¡Mira! ¡Mira!
El otro amigo miró hacia donde le señalaba su acompañante y entonces vio una nave extraterrestre que ascendía desde la tierra (la Tierra) al Espacio Sideral, entonces el amigo exclamó: ¡Coño, ET!
Y a partir de esta anécdota tan conocida y querida por todos los ufólogos del mundo se da explicación al nombre de los tres pueblos. A saber:
-Donde estaba el que gritaba ¡Mira! se fundó el pueblo que hoy lleva su nombre: Mira
-Donde estaba el que exclamó ¡Coño, ET!, se fundó el pueblo que recogió esa expresión: Coñoete que derivó en Cañete con un par de traspiés y siglos.
-El lugar donde se supone que aterrizó la nave extraterrestre fue llamado por los ufólogos usamericanos Land-ET, que significa Tierra de Extraterrestres, y allí fue fundado otro pueblo que asumió el nombre de LandET que, al castellanizarlo pasó a ser Landete.
Y por hoy, vale.
martes, 13 de abril de 2010
Pulgar
El origen del nombre de esta villa (cuna del insigne Hernando del Pulgar) se remonta a la reconquista de Toledo por parte de Alfonso VI. La villa quedó conquistada pero los alrededores seguían siendo tierra de escaramuza y arranque entre musulmanes y cristianos. Fue por eso que las cabezas pensantes de la Corte decidieron fortificar los alrededores de Toledo, y no sabiendo cómo hacerlo pidieron consejo a los sabios del lugar. Uno de ellos (cuyo nombre se ha perdido, lamentablemente) puso su mano sobre el mapa, tapando la ciudad de Toledo con la palma de la mano y señalando en la punta de cada dedo el lugar donde había que construir una pequeña fortificación, fue así como se edificaron cinco pequeños castillos denominados, por lo gracioso de su origen: Meñique, Anular, Corazón, Índice y Pulgar.
De aquellas fortificaciones la que perduró por su importancia fue la de Pulgar, a cuyo alrededor floreció un pequeño pueblo que tomó, del castillo, su nombre. Y así hasta hoy.
Y por hoy vale.
De aquellas fortificaciones la que perduró por su importancia fue la de Pulgar, a cuyo alrededor floreció un pequeño pueblo que tomó, del castillo, su nombre. Y así hasta hoy.
Y por hoy vale.
Solanillos del Extremo
Estaba yo preparado para hablar de otra toponimia en A vivir que son dos días Castilla La Mancha, cuando don Juan me habló de un coleccionista de topónimos raros que había iniciado su colección con el nombre de un pueblo de Guadalajara llamado Solanillos del Extremo, me preguntó si conocía el origen de este nombre y, evidentemente, dije que sí.
Aquí va:
Hace ya unos años, muchos, que este pueblo languidecía y tras una lluvia de ideas decidieron poner en marcha una propuesta interesante: crear un objeto que se pusiera de moda y tuviera mucha demanda, algo que sólo se fabricara en ese lugar. Tras largas deliberaciones inventaron un tipo de anillos que se ponían en el extremo del dedo, en la primera falange. Los llamaron "anillos del extremo del dedo" y para dar ejemplo los habitantes del lugar llevaban sólo anillos del extremo, y pronto fueron conocidos (ellos y el pueblo) como el de Soloanillos del Extremo, de ahí el nombre.
La idea funcionó un tiempo y floreció una industria de anillos de extremo (o de frontera), aunque la moda pasó porque resultaban incómodos de conservar en el dedo, en cuanto uno se descuidaba el anillo se caía. Así pues, de aquella idea original hoy sólo queda el nombre del pueblo, la ruina de alguna que otra fábrica de anillos y el hábito de los lugareños por llevar los anillos de esa peculiar manera.
Por hoy vale.
Aquí va:
Hace ya unos años, muchos, que este pueblo languidecía y tras una lluvia de ideas decidieron poner en marcha una propuesta interesante: crear un objeto que se pusiera de moda y tuviera mucha demanda, algo que sólo se fabricara en ese lugar. Tras largas deliberaciones inventaron un tipo de anillos que se ponían en el extremo del dedo, en la primera falange. Los llamaron "anillos del extremo del dedo" y para dar ejemplo los habitantes del lugar llevaban sólo anillos del extremo, y pronto fueron conocidos (ellos y el pueblo) como el de Soloanillos del Extremo, de ahí el nombre.
La idea funcionó un tiempo y floreció una industria de anillos de extremo (o de frontera), aunque la moda pasó porque resultaban incómodos de conservar en el dedo, en cuanto uno se descuidaba el anillo se caía. Así pues, de aquella idea original hoy sólo queda el nombre del pueblo, la ruina de alguna que otra fábrica de anillos y el hábito de los lugareños por llevar los anillos de esa peculiar manera.
Por hoy vale.
lunes, 29 de marzo de 2010
Oropesa
El nombre de este lugar, Oropesa, es lo que los ingleses llaman un false friend, es decir, algo que parece evidentemente algo y no lo es. Salvo para amigos de los false friends como Sandro Weltz, que mete la pata hasta el corvejón cuando dice que el nombre del pueblo se debe a la famosa máxima de la familia de los Fugger ("el oro vale su peso en oro"), banqueros de Carlos V (que se arruinaron con él y con las Españas) de cuya estancia en el lugar no hay constancia ninguna.
El nombre de Oropesa viene de ¡Oh sorpresa! (es broma, jejeje), de una historia peculiar. Hay quienes dicen que en Oropesa, tiempo ha, no había villa ni gente, solo árboles y floresta domeñaban su geografía, dicen esto y es como no decir nada. La verdad es que sí hay un importante detalle: donde hoy está el pueblo (con su imponente Castillo Parador de Turismo) hubo antes un peral en el que un día, un pastor, descubrió que uno de sus frutos en vez de ser una pera (como debiera) era un oso. Así pues la gente de los alrededores se acercaba para ver el prodigio del Oso-Pera, que poco a poco iba formándose colgado de una rama.
Tanta fue la afición al prodigio que hubo quienes se quedaron allí y se fundó la villa del Osopera adonde acudían sin descanso peregrinos de toda ralea. Hasta que un día, hartos de tanta visita, y sobre todo para proteger al Oso-Pera que ya estaba nacido y no tenía el pobre ni un minuto para sus cosas, nada más que recibir y recibir visitas, decidieron los habitantes del lugar despistar a los curiosos y trastocaron la R por la S, y de Osopera pasaron a Oropesa, y así se quedó.
Por eso en el escudo de esta ciudad debiera haber un Oso y una Pera (y no un Madroño, como les plagiaron los de un pueblo cercano que se apropiaron de su escudo).
Otros estudiosos afirman que el lugar es el mismo en el que sucedió la famosa historia de la Sopa de Piedra, historia que cuenta como un grupo de personas, poniendo cada uno un poco de lo suyo, hicieron una sopa descomunal y exquisita (plato típico del lugar), y que para albergar tamaña sopa hubo que hacer una sopera gigantesca que todo aquel que la veía decía ¡Oh, sopera! Son muchas las generaciones de comedores de sopa que han saboreado la exquisita sopa del lugar. Quienes defienden esta historia dicen que de Oh-sopera a Oropesa un par de sorbos, y que el escudo de la villa debería ser una sopera gigantesca y humeante.
Yo voto por aglutinar corrientes y hacer un escudo con una sopera que tenga dentro un oso haciendo malabares con unas peras.
Por hoy vale.
El nombre de Oropesa viene de ¡Oh sorpresa! (es broma, jejeje), de una historia peculiar. Hay quienes dicen que en Oropesa, tiempo ha, no había villa ni gente, solo árboles y floresta domeñaban su geografía, dicen esto y es como no decir nada. La verdad es que sí hay un importante detalle: donde hoy está el pueblo (con su imponente Castillo Parador de Turismo) hubo antes un peral en el que un día, un pastor, descubrió que uno de sus frutos en vez de ser una pera (como debiera) era un oso. Así pues la gente de los alrededores se acercaba para ver el prodigio del Oso-Pera, que poco a poco iba formándose colgado de una rama.
Tanta fue la afición al prodigio que hubo quienes se quedaron allí y se fundó la villa del Osopera adonde acudían sin descanso peregrinos de toda ralea. Hasta que un día, hartos de tanta visita, y sobre todo para proteger al Oso-Pera que ya estaba nacido y no tenía el pobre ni un minuto para sus cosas, nada más que recibir y recibir visitas, decidieron los habitantes del lugar despistar a los curiosos y trastocaron la R por la S, y de Osopera pasaron a Oropesa, y así se quedó.
Por eso en el escudo de esta ciudad debiera haber un Oso y una Pera (y no un Madroño, como les plagiaron los de un pueblo cercano que se apropiaron de su escudo).
Otros estudiosos afirman que el lugar es el mismo en el que sucedió la famosa historia de la Sopa de Piedra, historia que cuenta como un grupo de personas, poniendo cada uno un poco de lo suyo, hicieron una sopa descomunal y exquisita (plato típico del lugar), y que para albergar tamaña sopa hubo que hacer una sopera gigantesca que todo aquel que la veía decía ¡Oh, sopera! Son muchas las generaciones de comedores de sopa que han saboreado la exquisita sopa del lugar. Quienes defienden esta historia dicen que de Oh-sopera a Oropesa un par de sorbos, y que el escudo de la villa debería ser una sopera gigantesca y humeante.
Yo voto por aglutinar corrientes y hacer un escudo con una sopera que tenga dentro un oso haciendo malabares con unas peras.
Por hoy vale.
Valdepeñas
Parece que el origen el pueblo es bastante evidente, aun así hay quienes no terminan de acertar en estas cuestiones. Pienso, como más de uno sospechará, en Sandro Weltz, quien afirma que el nombre del lugar proviene de Val de Piñas, porque era un valle en el que había muchas piñas (eso sí, no especifica si tropicales o de pino piñonero, qué hombre). Igual podría haber dicho Val de Peñas, porque había muchas rocas, o Val de Poñas, o Pañas, o Puñas... en fin, un delirio de estudio pseudosesudo.
Lo cierto es que el lugar era conocido porque era un valle bucólico y melancólico, un lugar adecuado para ir a sosegar las penas y a pasarlas en amor de límpidos riachuelos y pastoras Marcelas. De ahí el nombre que se le fue dando al lugar: Val de Penas
Poco a poco la fama del valle fue creciendo y eran tantos los que iban allí a lloriquear sus lamentos que surgieron los mesones y hospederías donde la gente, más que a sosegar las penas, trasegaba los caldos para ahogarlas. Y así fue creciendo en el lugar la tradición de los buenos vinos: se plantaron cepas y se empezó a producir cosecha propia. En esta época al lugar se le conoció como Val de Cepas.
Tan ricos eran los vinos que la gente dejó de ir para lamentarse y empezaron a ser legión quienes iban para alegrarse. Ir a cantar y a beber al lugar se convirtió en una tradición casi obligatoria. Y muchos de los jocundos visitantes se quedaron a vivir allí pretendiendo una fiesta perpetua. Y así fue como proliferaron las viviendas y nació la ciudad, que se organizaba, en vez de en barrios, en peñas (de feria y fiesta, por lo de perpetua). El lugar, pues pasó a ser, definitivamente, conocido como Val de Peñas. Valdepeñas.
Y por hoy vale. Y viva el vino.
Salud
Lo cierto es que el lugar era conocido porque era un valle bucólico y melancólico, un lugar adecuado para ir a sosegar las penas y a pasarlas en amor de límpidos riachuelos y pastoras Marcelas. De ahí el nombre que se le fue dando al lugar: Val de Penas
Poco a poco la fama del valle fue creciendo y eran tantos los que iban allí a lloriquear sus lamentos que surgieron los mesones y hospederías donde la gente, más que a sosegar las penas, trasegaba los caldos para ahogarlas. Y así fue creciendo en el lugar la tradición de los buenos vinos: se plantaron cepas y se empezó a producir cosecha propia. En esta época al lugar se le conoció como Val de Cepas.
Tan ricos eran los vinos que la gente dejó de ir para lamentarse y empezaron a ser legión quienes iban para alegrarse. Ir a cantar y a beber al lugar se convirtió en una tradición casi obligatoria. Y muchos de los jocundos visitantes se quedaron a vivir allí pretendiendo una fiesta perpetua. Y así fue como proliferaron las viviendas y nació la ciudad, que se organizaba, en vez de en barrios, en peñas (de feria y fiesta, por lo de perpetua). El lugar, pues pasó a ser, definitivamente, conocido como Val de Peñas. Valdepeñas.
Y por hoy vale. Y viva el vino.
Salud
jueves, 18 de marzo de 2010
Balazote
Cuentan que el nombre de este lugar era debido a que en el Valle había una bicha (cuerpo de toro y cabeza de hombre barbado) que a todo aquel que se acercaba, le azotaba. Por eso el sitio era conocido como Valle del Azote y de ahí a Val-azote>Balazote un salto.
Como cuento no está mal, pero hay que ser serios. Busquemos en los papeles y reflexionemos.
Dice Sandro Weltz en sus prolijos estudios que el nombre del lugar proviene de su origen, pues al parecer un rey quiso regalar a uno de sus fieles un pueblo y entonces mandó edificar esta villa y la envolvieron toda con papel de regalo y le pusieron un lazo descomunal. Cuando llegó el día de dar el regalo el fiel agasajado, al ver aquello, exclamó "¡¡¡Vaya lazote!!!", pero en su expresión apocopada: "¡Va'lazote!", refiriéndose al lazo descomunal que como guinda en pastel coronaba el pueblo envuelto.
Sandro Weltz, por lo que se ve, le ha dado una vuelta al asunto pero se ha quedado en la anécdota, cosa que sucede cuando alguien no pasa de la reflexión y no llega a la acción.
Yo he ido allí y he descubierto el verdadero origen del nombre. Lo he descubierto, digo, porque lo he vivido en mis propias carnes.
Al parecer, siglos ha, una hechicera lanzó un hechizo al lugar, de modo y manera que cuando un tonto (un zote) entraba en el pueblo sentía el irresistible impulso de balar. Y desde entonces cuando un zote entra en el lugar, impepinablemente, exclama: beeeeeeeeeee, como un becerro cantor.
La fama del hechizo fue tal que acabó por dar nombre al lugar.
Y por hoy, Baaaaaa le.
Como cuento no está mal, pero hay que ser serios. Busquemos en los papeles y reflexionemos.
Dice Sandro Weltz en sus prolijos estudios que el nombre del lugar proviene de su origen, pues al parecer un rey quiso regalar a uno de sus fieles un pueblo y entonces mandó edificar esta villa y la envolvieron toda con papel de regalo y le pusieron un lazo descomunal. Cuando llegó el día de dar el regalo el fiel agasajado, al ver aquello, exclamó "¡¡¡Vaya lazote!!!", pero en su expresión apocopada: "¡Va'lazote!", refiriéndose al lazo descomunal que como guinda en pastel coronaba el pueblo envuelto.
Sandro Weltz, por lo que se ve, le ha dado una vuelta al asunto pero se ha quedado en la anécdota, cosa que sucede cuando alguien no pasa de la reflexión y no llega a la acción.
Yo he ido allí y he descubierto el verdadero origen del nombre. Lo he descubierto, digo, porque lo he vivido en mis propias carnes.
Al parecer, siglos ha, una hechicera lanzó un hechizo al lugar, de modo y manera que cuando un tonto (un zote) entraba en el pueblo sentía el irresistible impulso de balar. Y desde entonces cuando un zote entra en el lugar, impepinablemente, exclama: beeeeeeeeeee, como un becerro cantor.
La fama del hechizo fue tal que acabó por dar nombre al lugar.
Y por hoy, Baaaaaa le.
viernes, 12 de marzo de 2010
Sotodosos
Dice Sandro Weltz que el lugar donde se fundó el pueblo era antes un valle usado habitualmente para celebrar fiestas y bailes, y que alguien, un día, decidió quedarse allí la noche para llegar el primero al baile al día siguiente. Y la siguiente noche no fue uno que fueron varios y así, pasando los días, los varios que se quedaban se hicieron unas cabañitas y poco a poco el lugar fue siendo habitado. Dice también Sandro que el nombre proviene de alguien que vio bailar a los bailadores y comentó despectivo: Son todos sosos. Y el chascarrillo hizo gracia y el nombre quedó para el lugar y el posterior pueblo. Y de Sontodossosos a Sotodosos pues un par de pisotones y un traspiés.
Pero una vez más don Sandro se equivoca. Que yo he estado en el lugar y he chupado a los lugareños y de sosos nada, que son más bien salados, sobre todo por la zona del cuello y más arriba del codo.
El nombre proviene, y está la cosa bastante clara, de "Soto de osos" pues el lugar donde ahora está el pueblo antes era un soto transitado habitualmente por osos. Es más, se dice que la perdida civilización de los osos (esa que se cita en libros como Famosa invasión de Sicilia por los osos, de Dino Buzzati, cuya lectura, por cierto, les recomiendo encarecidamente), esa civilización que dicen que fue anterior a la de los humanos, pudo tener, en el lugar hoy llamado Sotodosos, alguna importante ciudad y referencia.
Dicho esto y vista la toponimia del lugar, sólo me queda decir que los habitantes de Sotodosos tienen por costumbre hablar con una sola vocal, así pues resulta común escuchar frases del tipo: ¡Anda, Ana va a la playa a nadar!, o por ejemplo: Es Pepe el que bebe té verde de vez en vez; o esa pintada que leí en una de sus paredes: Pili, vivid sin mí, o las comunes reflexiones con la o: los lobos no son monos, no son toros, no son pollos... no son tontos, ¡son lobos!, incluso aquella otra tan curiosa con la u: ¡tú!, ¡zulú! ¡uuuuuhhhhh!
En fin, por hoy vale.
viernes, 5 de marzo de 2010
Olías del Rey
Este toponímico bien podría llamarnos a engaño. Cualquiera, como Sandro Weltz, caería en la tentación que tiene que ver con los olores corporales de la realeza. Así, el iluso Sandro cree que Olías del Rey proviene de un viejo cuentito en el que se afirma que los días en los que el rey se bañaba y perfumaba hasta ese lugar llegaba su fragancia, ¡como si la corte no anduviera bien alejada! Sandro descarta otro cuento que afirma que el rey pasó por el lugar y la gente se acercaba a olisquearle por aprehender la esencia real. Menos mal que esto sí lo descarta Sandro.
Otros estudios afirman que el nombre del pueblo viene de Olivas del Rey ¡qué barbaridad!, uno quieren olfatear al rey y otro mentar sus olivas... les recuerdo el dicho de ir a cambiar el agua al canario o ir a cambiar el agua a las olivas cuando uno va a orinar.
Creo que no puede ser, ni de lejos, cierto que el nombre del lugar haga referencia a las partes más privadas del rey.
La confusión viene del término Olías, que cualquier que haya estudiado algo de evolución fonética y léxica sabrá que es un término bastante común que proviene del gigante Goliat. Goliat en el medievo era conocido como Golías, u Olías, de ahí el hecho comprobado que a los gigantones se les solía llamar Golías u Olías.
Aclarado esto la cosa resulta sencilla entonces: un hombre grande, gigantón, de la guardia personal del rey, leal como pocos, recibió como recompensa por sus servicios una villa. El lugar fue conocido, desde entonces, como Golías/Olías del Rey.
Y por hoy, vale.
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